Prácticas rituales y atencionalidad,
Septiembre 4, 2020Carla Fuentes, Constanza Domínguez, Felipe Trujillo
¿Qué será ese algo que nos impulsa a investigar, a interesarnos por otras experiencias, por otros modos de ser y estar que se sostienen en una constante relación entre todo aquello que compone lo que llamamos vida?
Parece ser que hay algo en común entre quienes participamos de este proyecto, una suerte de sensibilidad compartida que mueve nuestra curiosidad por conocer experiencias de vida que se basan en la correspondencia y reciprocidad entre lo humano y lo no humano, y por comprender cómo es que se va tejiendo la vida en estos contextos particulares.
Parte de esto, que quizás compartimos, puede estar conectado también con una mirada crítica hacia el sistema que nos envuelve, pero también fuertemente cruzado por las experiencias individuales de cada una de nosotrxs.
Al explorar esto último, podríamos llegar a dar paso a otras reflexiones y otras formas de comunicar que rebasan el ámbito de la teoría, pero que no necesariamente la olvidan. Los soportes pueden ser variados y sin límites, ya que existe un espacio virtual que nos permite comunicar desde un sinfín de maneras a las que quizás no estamos habituados, pero que están ahí.
De este modo, si borramos los límites que la virtualidad supone, y damos espacio para pensar en las oportunidades que nos presenta para comunicarnos, se abre un gran espectro de posibilidades de expresión. Explorar desde un poema, una carta de intención, un dibujo, una fotografía, un texto reflexivo, un compilado de sonidos, una cápsula audiovisual, entre muchos otros medios, es lo que esperamos poner en práctica mediante nuestro espacio de blog-bitácora, con la final de seguir andando en conjunto y no perdernos entre las distancias a las que este contexto nos condiciona.
La invitación es entonces a permitir otras conexiones. Nociones como las de explorar, rebasar, deshabituar, nos movilizan hacia una perspectiva eminentemente antropológica y generosa. Proponemos aquí, de acuerdo con nuestras conversaciones, intereses personales y colectivos, pero también experiencias como aprendices de antropología, que el gran desafío de esta empresa colectiva de antropología de la vida está en dejar de “estudiar las cosas” y comenzar más a vibrar con ellas, o aprender junto a ellas.
En vista de eso, encontraremos en nuestro mundo compartido – que solemos llamar medioambiente – una serie de elementos que nos impulsan hacia una pregunta que es colectiva, especulativa y compartida: ¿Cómo habitar, vivir, compartir el mundo, para que podamos seguir todas y todos viviendo en él? Las antropologías en las que ha permeado esta preocupación por la posibilidad de un futuro inhóspito para la vida social, producto de la depredación y desconexión, se han convertido en ejercicios de aprendizaje y búsqueda en conjunto de respuestas. Ese espíritu antropológico es el que rescatamos aquí.
Eso implica aventurarnos a lugares, perspectivas, y sobre todo experiencias, que nos son ajenas – de momento -. Los poemas, las pinturas, las líneas, las historias, las siembras: prácticas de conexión con la vida, entre humanos y otros más que humanos, que nos recuerdan un componente clave que solemos olvidar en los ejercicios teóricos que apuntan a la “comprensión”: la condición inacabada de la vida.
Becoming, o volviéndose, una antropología que sea más plástica y se modele junto con la condición eminentemente inacabable de los mundos que cohabitamos socialmente. Todo está inacabado: nuestros textos, el arte que nos inspira, las perspectivas y aprendizajes de las personas y otros seres con quienes compartimos y reflexionamos.
¿Pero cómo acceder a esta inacabable condición de la vida social? En Unfinished, an anthropology of Becoming, Johao Biehl y Peter Locke (2014) nos proponen una apertura radical hacia lo complejo y que nos maraville: “cualquier escritura crítica, análisis y compromiso social, las recompensas de no quedarse en una visión que nos contenga y explorar lo incompleto están lejos de ser triviales (…) En la medida en que buscamos articular una ciencia social de lo incierto y desconocido, también restauramos al movimiento y a la posibilidad de un pensamiento ético y una práctica política: una continua recalibración de lo que la artesanía de la antropología y su teoría nos pueden permitir”.
Pensamos así, en mundos que están inacabados, pero también acabándose. Nos interesan las artes de vivir en un mundo dañado, y en cuales son las experiencias creativas y fortalecedoras de la vida que nos ayudarán no solo a calibrar la brújula de la pregunta antropológica, sino que, por sobre todo avanzar en la construcción colectiva, generosa y atenta de respuestas sobre cómo queremos vivir en este mundo que compartimos. Sobre esto, la educación ambiental en particular nos puede ayudar.
Es así como esta antropología de la vida va cobrando cada vez más sentido, y es que finalmente vamos incorporándonos en distintas líneas y relaciones de nuestra propia vitalidad y también de otrxs, generando un cruce y aprendizaje que va construyéndose en base a las experiencias que se originan desde la interconexión. Esta vida a la que hacemos alusión se puede ver claramente reflejada en un medioambiente que engloba diversas prácticas y sensibilidades, que nos invitan a comprender la realidad de otra manera y generar un quiebre en los mundos no viables o poco empáticos, que poco a poco van consumiendo las vitalidades y riquezas del entorno.
A raíz de esto, surge la motivación de seguir el camino de una educación que implique replantear las bases de cómo hemos aprendido y practicado la realidad, entendiendo que los procesos educativos nos entregan diferentes pistas de lo que significa el entorno que habitamos y cómo nos vinculamos en él. De esta forma, cobra relevancia el énfasis en el ambiente, el guiarnos por una educación ambiental que sea atenta con los procesos y relaciones de vida, entendiendo que el mundo/entorno es mucho más que un acto de supervivencia y que existen múltiples posibilidades esperándonos por descubrir o comprender.
Disponernos a explorar la realidad desde una educación ambiental y una antropología de la vida nos permite darle un giro a los caminos que hemos seguido tanto como seres humanos, y en la disciplina misma, comprendiendo que al incorporar herramientas teóricas/metodológicas y un posicionamiento comprensivo e interesado en los seres/relaciones que dan vida a este mundo, podríamos comenzar a descubrir y vivir desde el aprendizaje experiencial, el integrarnos en distintas realidades, estar atentxs a los procesos de vida y descifrar cómo este mundo tan fragmentado, es capaz de comprenderse a través de líneas y nudos que se unen.
Este documento nos llama a generar nuevas estrategias de vinculación y aprendizaje, desde el articularnos como seres humanos en cadenas que también incluyen a los no humanos, reconociendo las múltiples relaciones que pueden ser vivenciadas en este medioambiente, este entorno multi-especie y multi-procesos, que dan cuenta de la articulación de la vida y las infinitas formas de interconexión. Este camino inacabado hay que recorrerlo aprendiendo desde los vínculos y correspondencias, para seguir indagando en ese algo que nos mueve y en esa vida llena de experiencias.
Constanza Domínguez, Carla Fuentes, Felipe Trujillo
