CHITITA.
La fiesta comienza con el desentierro o la bajada de los cerros del “abuelo carnavalón”, un muñeco vestido con vestón, zapatos y sombrero que es quizás el prototipo de un ancestro genérico que tiene la capacidad de fertilizar los campos y los sueños (sé de personas que le han pedido a los "abuelos" tener hijos). Ha sido vestido en secreto y preservado cuidadosamente por algunas familias. El día de la fiesta es adornado con frutos y serpentinas de colores, lo alimentan y dan beber en cada visita. Es llevado en andas a visitar todas las chacras, casas y poblados, baila con todos-as y se dice que trae fertilidad, alegría y buenos deseos. Si bien los-as participantes de la fiesta le dan vida al “abuelo”, pareciera que éste los afecta provocando alegría. No dejo de pensar en las relaciones de reciprocidad que mantienen con los abuelos.
GUAÑACAGUA
La plaza de Guañacagua, rodeada de casas de piedra y barro, se ha vestido con guirnaldas, escenarios y las sillas de los abuelos. En el centro un sillón de mimbre para el abuelo del pueblo. Frente a sus sitiales se ha desplegado un aguayo con hojas de coca y serpentinas. Tras el descanso que sigue a las rondas, las reinas y sus acompañantes, bailarines y asistentes se acercan a ofrecerles hojas de coca y cervezas.

Los abuelos parecen disfrutar de la alegría y beber de las risas. El bombo y los cantores al centro, el abuelo y la reina bailan en círculo alrededor suyo, y en una ronda más grande -giran en sentido contrario- las familias y amigos marchan-bailando y cantando, repitiendo las coplas. La ronda es como un juego de seducción donde mujeres y hombres de todas las edades, más aún jóvenes y adolescentes, juegan-danzando, cantando y enharinándose dulce y suavemente.
CODPA
El río Codpa corre a la misma altura que el camino que lleva a Cerro Blanco, todavía quedan huellas de lo que fue la subida y desbordes ocasionados por las lluvias del año pasado. Se ven palos y mucha arena que hacen difícil una pronta recuperación de los cultivos, pero aún así la gente luce contenta, el abuelo engalanado en el centro del espacio de encuentro, todos-as preparados-as para las rondas y el esperado “membrillazo”. De fondo, el sonido del río es como un murmullo vibrante y constante, voy sintiendo que es el protagonista de la fiesta y del valle.
CERRO BLANCO
La señora Marlene Montecinos nos invitó a grabar la despedida del Carnaval de Cerro Blanco. Llegamos a la hora acordada a casa de su madre, queda a orilla del camino frente al río, tiene un hermoso huerto de cítricos y una escalera de piedra que conducía a un petroglifo. Marlene me cuenta que esa piedra está desde que ella tiene uso de razón y es la única en el sector, luego es posible ver más dibujos en el sector Ofragía. Rondas, cantos y bailes se realizan al interior de la casa. La señora Marlene se acerca para ofrecernos tragos, me ofrece uno que se llama “carnaval” que es jugo de membrillo con pintatani, quedamos agradecidos y contentos por este cariño. El carnaval sale rumbo a Ofragía, camino hacia una casa que está en la quebrada justo después del circuito arqueológico del mismo nombre. Allí bailan y ríen antes de trasladarse hacia la sede social donde se realizará la despedida del abuelo. Se dice que se debe dejar todo, no debe quedar nada, ni harina, ni espuma, ni frutas, ni serpentinas, todo debe quedar. El carnaval se despide a membrillazos, con alegría y tristeza. Desde el cerro el abuelo dice que traerá agua y cuidará los cultivos. Todos se abrazan y prometen volver a verse “hasta el otro año”.